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La Coctelera

triunfandostereo

27 Septiembre 2011

AGRADECIDOS Y DADIVOSOS

Debemos ser muy agradecidos con Dios y los hombres por todo lo que tenemos. En el mundo que vivimos existe la tendencia a creer que toda la gente nos debe atender, oír, servir, llevar, traer, es decir la gente debe estar a "nuestros pies".

Se piensa por lo tanto que cuando todo va bien es porque lo merecemos y si alguien esta mal, pues se lo merece igual. Cuando todo nos sale "viento en popa", no nos preocupamos de agradecer los momentos que estamos viviendo.

Esto me hace pensar en lo que un hombre muy sabio de la antigüedad escribió: " El hombre saciado desprecia el panal de miel; pero al hambriento todo lo amargo es dulce". Proverbios. 27: 7

Cuando tenemos mas de lo necesario, poco nos importa despilfarrar, botar, despreciar la comida, la ropa, el dinero y la salud, porque estamos "saciados" No pensamos en otros, que con un poquito de nuestro despilfarro estarían contentos y satisfechos. Podemos ver las noticias, leer periódicos,revistas, escuchar necesidades de otros y pareciera que nos están hablando de otro planeta.

Hoy quiero que reflexionemos en la Gratitud y el Compartir.

Jesus en una ocasión después de haber enseñado desde la mañana hasta la tarde, tuvo "compasión" de la gente, vio a un muchacho que tenia "algo", lo tomo, "dio gracias al Padre" y mando a repartir en abundancia, hasta que todos los hombres quedaron "saciados" y eran como 5.000.

Hoy la pregunta es: ¿Somos agradecidos? ¿Compartimos de nuestra "saciedad –abundancia”, con otros necesitados?

¡Hagamoslo hoy!

 

Alvaro Serna M.

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13 Julio 2011

EL LUGAR DE LA MUJER

En los años 60, James Brown sacó una canción que titulaba (El Mundo es de los hombres). Esa canción vendió un millón de discos. “Aunque las mujeres están aquí, este mundo fue hecho para los hombres. Fue diseñado para los machos. Las mujeres sólo llenan el lugar cuando se les necesita. Ustedes mujeres, deben quedarse en su lugar; este es un mundo para los hombres”.

¿Acaso el mundo les pertenece a los hombres? Si es así, ¿en qué lugar quedan las mujeres?

Históricamente, en casi toda nación y en toda cultura, las mujeres han sido consideradas como inferiores a los hombres, ocupando un lugar secundario en el mundo. Las siguientes son percepciones tradicionales de las mujeres que todavía persisten hasta el día de hoy. Las mujeres son consideradas…

· Inferiores a los hombres, ciudadanas de segunda clase.

· Objetos de satisfacción sexual solamente.

· Débiles; incapaces de poseer verdadera fuerza.

· Faltas de inteligencia, y por lo tanto, no tienen nada con que contribuir a la sociedad.

· Propiedad personal de los hombres, el equivalente al ganado.

· Sirvientas personales, cuyo único propósito es suplir las necesidades de sus amos.

· Esclavas domésticas, para ser usadas como se deseé.

· Objetos para ser compartidos hasta que se las acaban, y entonces, se desechan.

· Subhumanas.

· Merecedoras de abuso.

Los puntos de esta lista te pueden haber impactado o te pueden haber ofendido, los puedes haber ignorado, o pudieron servirte como un doloroso recordatorio de lo que tú tal vez estés enfrentando. Las mujeres son mal entendidas y degradadas alrededor de todo el mundo, y esto está causando una tensión emocional, física y espiritual.

“Si tú le pides algo a alguien, tú estás admitiendo que lo tienen”. Este principio puede ser aplicado en formas muy variadas. Por ejemplo, se puede aplicar a las relaciones de raza. Si el hombre blanco le pide algo al hombre negro, entonces, el hombre blanco le está diciendo al hombre negro, “Tú tienes lo que yo necesito”. Si el hombre negro le pide al hombre blanco algo, él le está diciendo al hombre blanco, “Tú tienes algo que es mío”. Si la mujer le pide algo al hombre, ella está admitiendo que él es quién lo tienen. Si el hombre le pide algo a la mujer, él está admitiendo que ella controla eso. Cuando tú vas a otra persona o a otro grupo de personas para poder obtener algo que tú estás diciendo que necesitas, tú estás admitiendo que esa persona o grupo de personas tienen posesión sobre aquello. Por lo tanto, si yo digo al gobierno, “Dame mis derechos”, yo estoy admitiendo ante el gobierno, “Tú tienes jurisdicción sobre mis derechos”. Las leyes que definen nuestros derechos pueden llegar a ser buenas, pero debemos recordar que las leyes no nos pueden conceder nuestros derechos, ellas sólo pueden reconocer los derechos que ya tenemos. Mis derechos fueron dados por Dios, y son inherentes.

Dios ya ha hecho a los hombres y a las mujeres iguales, pero diferentes; diferente no quiere decir inferior. Consideramos la diferencia como debilidades. En una orquesta todos los instrumentos son importantes, diferentes cada uno pero importantes. Debemos de entender las diferencias que hay para que se puedan ser usadas en armonía.

Nadie conoce tan bien cómo algo debe funcionar como su creador. Yo estoy seguro que el entender y vivir en el propósito original de Dios es crucial para restaurar las relaciones correctas entre los hombres y las mujeres. Dios es un Dios de propósito, y todo lo que Él ha hecho en esta vida, incluyendo a los hombres y a las mujeres, tienen un propósito. Podemos pelear en contra de Su propósito, pero si lo hacemos, estaremos vacíos y frustrados. El nos hizo en la forma como somos para Sus propósitos y para nuestro beneficio.

· El propósito es algo que determina su naturaleza (o diseño).

· La naturaleza (o diseño) de algo es lo que determina sus necesidades.

La naturaleza de la mujer debe de ser entendida a la luz de su propósito, y sus necesidades deben ser entendidas a la luz de su naturaleza. De otra manera, ella no va a poder cumplir el propósito para el cual fue creada.

El lugar de la mujer está en el propósito de Dios al crearla: ser amada, protegida, atendida, respetada, dignificada, valorada y de igual creación que el hombre, con diferencias de naturaleza pero con las mismas capacidades que él. Por lo tanto la mujer debe verse y debemos tratarla con el mismo respeto, admiración y oportunidades que tiene el hombre. Entendiendo que cada uno tiene un rol particular que cumplir en la familia, la sociedad y el mundo en general. Con ciertas diferencias, pero NUNCA inferior al hombre.

Alvaro Serna Morales.

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21 Junio 2011

¿Qué es un VERDADERO Hombre?

Los hombres necesitan una identidad dada por Dios para que puedan cumplir su verdadero propósito. Los hombres han definido su masculinidad por medio de sus funciones: las funciones que desempeñan para sus familias y en la sociedad. Sin embargo ha habido un cambio mayor en las funciones tanto de los hombres como de las mujeres. Las reglas de la sociedad están cambiando. Los hombres ya no están seguros de quiénes son, ni de lo que las mujeres quieren de ellos o esperan de ellos, Sin tener una idea clara de su identidad, los hombres están tratando de enfrentar el choque de las expectativas de una nueva sociedad y de las ideas tradicionales con relación a lo que un hombre debería ser, las cuales ya se han internado a través de la familia, de la cultura o de la inclinación natural del hombre.

Los conceptos básicos que los hombres tienen acerca de la masculinidad están siendo despedazados. Los hombres se sienten fuera de lugar. Ellos están frustrados, luchando para adaptarse a un concepto nuevo, pero muy vago con relación a quiénes son, o, por el otro lado, ellos están muy enojados, tratando de revertir el flujo del cambio.

Muchos hombres tienen preguntas ante las cuales no encuentran respuestas, tales como las siguientes:

1. ¿Acaso el hombre todavía está supuesto a ser el proveedor y el protector? Hoy en día, la mujer es la que sale y provee para sí misma su propio pan, y dice que ella no necesita ningún tipo de protección. El hombre ya no está seguro de qué s lo que debe hacer para la mujer.

2. ¿Acaso el hombre sigue siendo el líder y la autoridad en el hogar? Esto tampoco está claro actualmente. La mujer dice, “Tú no eres mi autoridad. Yo no soy una esclava. Yo produzco mi propio dinero, y tomo mis propias decisiones. Yo hago lo que yo quiero. Yo te llamaré cuando sienta que estoy lista”. El hombre ya no sabe cómo es que se debe relacionar con la mujer.

3. ¿Acaso el hombre debería seguir mostrando caballerosidad? ¿Debería abrir la puerta para una mujer, escoltarla y acompañarla, pagar su cena en una cita con ella, y todo lo demás? El hombre acomoda la silla para la mujer, y ella dice, “Está bien. Gracias, pero yo puedo acomodar mi silla sin tu ayuda”. Algunas veces el hombre le abre la puerta a la mujer, y ella se siente ofendida por ello. ¿Acaso crees que estoy inválida?” ella contesta. Si una mujer entra en una habitación y un hombre se pone de pie como un gesto de respeto, ella lo va a voltear a ver como si él estuviera loco. El hombre ya no sabe si debe seguir tratando delicadamente a la mujer.

4. ¿Acaso todavía es el hombre defensor de su familia, de su propiedad y de su país? Cada vez, más mujeres están entrando a las filas de las fuerzas policíacas y de las fuerzas armadas y andan portando armas. Algunos hombres no saben cómo reaccionar ante estos cambios. Una mujer entra a su casa con su uniforme puesto, y su esposo siente miedo de siquiera decirle “hola” a ella. El se va a levantar y a decir, “¡Diga, mi sargento!” Muchos hombres están pensando, “Ella no necesita realmente que yo la proteja”. Los hombres ya no saben si las mujeres los necesitan para algo.

¿Existe algo actualmente que pueda marcar la diferencia entre un hombre y su contraparte femenina? Los hombres y las mujeres se encuentran en un estado de cataclismo y de confusión con relación a sus géneros.

¿Qué es lo que los hombres pueden hacer para volver a ganar sus bases y su identidad? Primeramente, ellos deben adoptar una forma completamente nueva de pensar. Ellos necesitan pensar en términos de propósito en lugar de pensar en términos de funciones. La razón de que ellos están teniendo problemas hoy en día, es que ellos han estado basando su valor y su dignidad en algo completamente equivocado todo el tiempo. Las funciones nunca han sido la verdadera base de la identidad y del propósito del varón.

Las funciones pueden ser benéficas o dañinas, pero a final de cuentas, ellas sólo reflejan la cultura y las tradiciones.

Los que los hombres necesitan descubrir realmente es su propósito intrínseco, el cual trasciende más allá de la cultura y de las tradiciones. La posición y acciones de un hombre deben fluir como fruto de su propósito, y no al revés. Esta es la razón por la cual la respuesta para el dilema del hombre no consiste solamente en ajustarse a los tiempos tan cambiantes –aunque algo de esto también es necesario- sino en descubrir el propósito inherente del varón.

El conocimiento de lo que significa ser un verdadero hombre no puede ser adquirido por medio de observar cultura que nos rodea. Los hombres necesitan un entendimiento de ellos mismos que no estén completamente influenciados por directrices sociales –a corto plazo, ni por la imagen que otros tengan de ellos.

Cuando los hombres ignoran su verdadera identidad, esto no sólo afecta sus propias vocaciones y sentido de realización, sino también las vocaciones y la realización de sus familias y de la sociedad como todo un conjunto. Dios les ha dado a los hombres una influencia única de liderazgo. De la manera cómo anda el hombre, así también anda la familia, la sociedad y el mundo entero.

Yo creo que si no tratamos con la crisis de identidad del hombre, toda nuestra generación estará en problemas. No hay escapatoria para este hecho. La respuesta para los varones en el siglo veintiuno es, por lo tanto:

· Definir su valor basados en el propósito de Dios, en lugar de definirlo basados en las funciones de la sociedad.

· Aprender la visión que Dios tiene para la vida de ellos.

· Continuar viviendo en la verdad para lo cual en realidad fueron creados.

Si los hombres entienden el propósito y las responsabilidades que Dios les ha dado, así como el verdadero diseño para su relación con las mujeres, ellos pueden ser libres para poder cumplir su destino y todo su potencial.

Ellos pueden llegar a ser los hombres que realmente fueron destinados a ser.

Si tú eres un hombre, tú no necesitas estar todo confundido acerca de tu identidad y de tu lugar en la vida, independientemente de todas las señales conflictivas que la sociedad te está transmitiendo. Tú vas a encontrar una visión fresca y una dirección bien definida al redescubrir los propósitos de Dios, tanto para los hombres, como para las mujeres. A través de este conocimiento, los hombres pueden ser mejores y hacer mejores cosas de las que jamás se habían imaginado, y las mujeres pueden llegar a tener un nuevo entendimiento y apreciación de los hombres mientras que, al mismo tiempo, les permiten cumplir su llamamiento o vocación en la vida.

¿Qué es un “verdadero hombres”? Alguien que conoce la realidad acerca de quién es él, y que, además, vive dentro de esa realidad. Este conocimiento comienza con entender la importancia de haber sido creado con un propósito de parte de Dios.

Alvaro Serna M.

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9 Junio 2011

UN DÍA PARA DECIR ADIÓS

Era tiempo de que Jesús se fuera. El taller de carpintería había sido su hogar, su refugio. Había venido para decir adiós, para oler el aserrín y la madera una vez más. Se vivía con paz. Se vivía seguro. En este lugar Él había pasado muchas horas de contentamiento. En este piso polvoriento había jugado cuando era un niño mientras su padre trabajaba. Aquí José le había enseñado cómo sujetar un martillo. Y en este banco de taller había construido su primera silla.

Fue aquí que sus manos humanas le dieron forma a la madera que sus divinas manos habían creado. Y fue aquí que su cuerpo maduró mientras su espíritu esperó por el momento preciso, el día preciso.

Y ahora ese día había llegado.

Me pregunto si se quería quedar.

Me pregunto, porque sé que ya Él había leído el último capítulo. Sabía que cuando saliera de la sombra de la carpintería, sus pies no descansarían hasta que fuera traspasado y puesto en la cruz romana.

Sabes, no tenía que ir. Pudo haber escogido. Pudo haberse quedado. Pasar por alto el llamado o por lo menos posponerlo. Y si hubiera escogido quedarse, ¿quién lo hubiera sabido? ¿Quién lo hubiera culpado?

Hubiera podido volver como hombre en otra época cuando la sociedad no fuera tan veleidosa, cuando la religión no estuviera tan anticuada, cuando la gente le hubiera escuchado mejor. Hubiera podido volver cuando ya las cruces hubieran pasado de moda. Pero su corazón no se lo permitía. Si hubo duda de su parte humana, fue vencida por su compasión divina. Su divinidad oyó las voces. Su divinidad oyó el clamor sin esperanza del pobre, las amargas acusaciones de los abandonados, el desespero de aquellos que tratan de salvarse a sí mismos.

Y su divinidad vio las caras, algunas arrugadas, algunas llorando, escondiéndose detrás de velos. Algunas confundidas por el temor. Deseosas de buscar. Algunas sin expresión, con aburrimiento. Desde la cara de Adán hasta la cara de recién nacido en cualquier parte del mundo en el momento en que lees estas palabras, Él las ha visto todas. Y puede estar seguro de una cosa. Entre las voces que encontraron su camino en la carpintería de Nazaret estaba tu voz. Tus silenciosas oraciones pronunciadas en las almohadas mojadas por las lágrimas fueron escuchadas antes que se dijeran. Tus profundas preguntas acerca de la muerte y la eternidad fueron contestadas antes que las preguntaras. Y tu más extrema necesidad, tu necesidad de un Salvador, fue provista antes de que hubieras pecado.

Y no solo te escuchó, sino que te vio. Vio brillar tu cara en el momento en que le conociste. Vio tu cara avergonzada cuando caíste por primera vez. La misma cara que te miró desde el espejo esta mañana, lo miro a Él. Y eso fue suficiente para matarlo.

Él se fue por ti. Él dejó su seguridad con el martillo. Él colgó su tranquilidad en el gancho de su delantal de clavos. Él cerró las persianas bajo los rayos del sol de su juventud y cerró la puerta a la comodidad y a la tranquilidad del anonimato. Ya que Él podía llevar tus pecados más fáciles que llevar en el pensamiento tu desesperanza, escogió irse. No fue fácil. Pero fue amor.

Alvaro Serna M.

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8 Junio 2011

TUS PECADOS SON PERDONADOS

Jesús se conmovió por esta demostración de fe. Cuatro hombres tenían suficiente esperanza en Él y amor por su amigo que se arriesgaron. La camilla arriba era una señal de arriba; ¡alguien cree! Alguien estuvo dispuesto a arriesgar vergüenza y perjuicio por estar unos minutos con el Galileo.

Jesús se conmovió. Entonces aplaudió; si no, con sus manos, por lo menos con su corazón. Y no solo aplaude, sino bendice. Y somos testigos de una explosión de amor.

Los amigos quieren que sane a su amigo. Pero Jesús no se conforma con una simple sanidad del cuerpo, Él quiere sanar el alma. Él pasa por algo lo físico y trata con lo espiritual. Sanar el cuerpo es temporal; la sanidad del ama es eterna.

La petición de los amigos es válida, pero tímida. Las expectativas de la multitud son elevadas pero no lo suficiente. Ellos esperan que Jesús diga: “Te sano”. En vez de: “Te perdono”. Ellos esperan que sane el cuerpo, porque eso es lo que ven.

Él elige tratar no solo el cuerpo, sino también lo espiritual, porque eso es lo que Él ve. Ellos quieren que Jesús le dé un cuerpo nuevo al hombre para que pueda caminar. Jesús le da gracia para que pueda vivir.

Asombroso. Algunas veces Dios está tan conmovido por lo que ve que nos da lo que necesitamos y no simplemente lo que pedimos. A propósito, Jesús no ha cambiado desde el día que una camilla fue bajada en su presencia con las cuerdas de la esperanza.

Lo que sucedió entonces todavía sucede ahora. Cuando damos un paso de fe, Dios ve. La misma cara que sonrió al paralítico, sonríe al alcohólico que rehúsa la botella. Los mismos ojos que brillaron ante los amigos, brillan ante la madre y el padre que harán lo que sea para llevar a su hijo a Jesús. Y los mismos labios que hablaron al hombre en Capernaúm hablan al hombre en Detroit, a la mujer en Belfast, niño en Moscú… a cualquier persona en cualquier parte que se atreva a venir a la presencia de Dios y pedirle ayuda.

Y aunque no podemos oírlo aquí, los ángeles los pueden oír. Todo el cielo debe hacer una pausa cuando otra explosión de amor declare las únicas palabras que verdaderamente importan: “Tus pecados son perdonados”.

Alvaro Serna M.

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24 Mayo 2011

Jesús Sabe Cómo te Siente

 

¿Estás bajo presión en el trabajo? Jesús sabe cómo te sientes.

¿Tienes más de lo que humanamente puedes hacer? Él también.

¿Toma la gente de ti más de lo que puedes dar? Jesús entiende.

¿No te escuchan tus hijos adolescentes?

¿Tus estudiantes no se esfuerzan? Jesús sabe cómo te sientes.

Eres muy valioso para Él. Tan valioso que se hizo hombre como tú, para que vinieras a Él.

Cuando luchas, Él escucha. Cuando añoras, Él responde. Cuando dudas, Él escucha. Él ya pasó por eso.

Jesús te ve con un corazón compasivo. Él sabe que tú eres especial…

Un niño entró en una tienda de mascotas, buscando un perrito. El dueño de la tienda le mostró una camada de perritos en una caja. El niño miró los perritos. Levantó a cada uno de los perritos, los examinó y los puso de nuevo en la caja.

Después de unos minutos, caminó hacia donde estaba el dueño y le dijo: “Ya escogí uno”. ¿Cuánto vale?

El hombre le dijo el precio, y el niño prometió volver en unos días con el dinero. “No tardes mucho”, le advirtió el dueño. “Los perritos como estos se venden rápido”.

El niño se volvió y con una sonrisa inteligente le dijo: “No estoy preocupado, el mío estará aquí”. El niño se fue a trabajar, desyerbando, limpiando ventanas y jardines. Trabajó duro y ahorro su dinero. Cuando tenía suficiente para el perrito, volvió a la tienda.

Caminó hacia el mostrador y puso un fajo de billetes. El dueño de la tienda clasificó los billetes y los contó. Después de verificar la cantidad, le sonrió al niño y le dijo: “Todo bien hijo, puedes ir a buscar tu perrito”.

El niño extendió su mano  hacia la parte trasera de la caja, y sacó un perrito flaco y cojo y se dispuso para irse.

El dueño lo detuvo.

“No te lleves ese perrito”, le refutó. “Es cojo. No puede jugar. Nunca correrá contigo. No puede ir a buscar nada. Llévate uno de los sanos”.

“No, gracias, señor”, contestó el niño. “Este es exactamente la clase de perro que he estado buscando.”

Cuando el niño se volvió para salir, el dueño iba a decir algo, pero calló. De pronto entendió. Debajo de los pantalones del niño se veía un aparato para su pierna lisiada.

¿Por qué quería el niño al perro? Porque él sabía cómo se sentía. Y sabía que era muy especial.

Alvaro Serna M.

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18 Mayo 2011

CASTILLO DEL REMORDIMIENTO

Sara era rica. Había heredado veinte millones de dólares. Y además, tenía un ingreso adicional de mil dólares diarios. Ese es un montón de dinero en cualquier época, pero era una suma inmensa a finales del siglo XIX.

Sara era bien conocida. Ningún evento social estaba completo si ella faltaba. Nadie hacía una fiesta sin invitarla. Sara tenía poder. Su nombre y su dinero podían abrir casi cualquiera puerta en los Estados Unidos. Las universidades buscaban sus donaciones. Los políticos clamaban su apoyo. Las organizaciones corrían tras su respaldo.

Sara era rica. Bien conocida. Poderosa. Y miserable. Su única hija había muerto a las cinco semanas de nacida. Luego, también murió su esposo. Se quedó sola con su nombre, su dinero, sus recuerdos… y su sentimiento de culpa. Una pasión por hacer una penitencia la llevó a San José, California. Su pasado mantenía preso a su presente y ella anhelaba ser libre. Se compró una casa de campo de ocho cuartos en una propiedad de cientos sesenta acres. Contrató a dieciséis carpinteros y los puso a trabajar. Durante los siguientes treinta y ocho años, los carpinteros trabajaron día tras día, veinticuatro horas al día, para construir una mansión.

La gente que sabía del proyecto se sentía intrigada. Las instrucciones de Sara eran más excéntricas…eran misteriosas. El diseño tenía un toque macabro.

· Cada ventana tenía que tener 13 vidrios

· Cada pared 13 paneles

· Ropero 13 ganchos

· Candelabro 13 esperas

· El piso era terriblemente sádico

· Los corredores Las puertas

· Las escaleras

· Escotillas

· Pasadizos secretos

· Túneles.

Esta no era la casa en la que Sara pensaba vivir en el futuro; era un castillo para su pasado. La construcción de eta misteriosa mansión sólo terminó cuando Sara murió. La propiedad terminada se extendía en seis acres de terreno. ¿Para qué quería Sara un castillo así? ¿No vivía sola? Bueno, “algo así” contestarían quienes estaban familiarizados con su historia. “Estaban los visitantes…” Y los visitantes venían todas las noches.

Dice la leyenda que cada día a la medianoche, un criado recorría el laberinto secreto que conducía al campanario. Hacía sonar las campanas para reunir a los espíritus. Sara, entonces, entraba en el “salón azul”, un cuarte reservado para ella y sus visitantes nocturnos. Allí permanecían juntos hasta las dos de la mañana, hora en que las campanas volvían a tocar. Sara entonces regresaba a sus aposentos y los fantasmas volvían a sus tumbas. ¿Quiénes formaban esa legión de fantasmas? Indios y soldados muertos en la guerra civil. Habían muerto por las balas que salían del rifle más popular de los Estados Unidos: el Winchester. Lo que le había producido millones de dólares a Sara Winchester, había producido la muerte de ellos.

Así, ella pasó el resto de su vida en un castillo de remordimientos, una especie de hogar para los muertos. Si usted lo desea, puede visitarlo. Pero para ver lo que un remordimiento puede hacer en una persona no tiene que ir a la mansión de Winchester. En su ciudad hay personas convidas presas de un sentimiento de culpa. En su vecindario hay personas cuyos corazones viven atormentados por el fracaso. Por las calles, o los salones, caminan muchas personas atormentas.

Pablo escribió, una “tristeza del mundo” que “produce muerte”. Un sentimiento de culpa que mata. Una tristeza que es fatal. Un remordimiento maligno que es mortal. ¿Cuántas Sara Winchester conoce? ¿Cuán lejos tiene que ir para encontrar almas atrapadas por fantasmas del pasado? Seguramente no mucho.

Quizás la historia de Sara sea su historia personal. Porque en las horas de penumbra durante la noche oscura de la tempestad, hay una historia de gracia. Es la historia de Pedro: reconoce la voz del Maestro… ve el rostro del Maestro… busca seguridad en medio de la tormenta.

Hay también otra historia de Pedro. Oye el silbido del viento… vela lluvia torrencial… se hunde en el mar. Pero, sobre todo, está la historia de Jesús. Es la historia de Dios extendiendo sus manos en medio del mar tormentoso. Es la respuesta a la pregunta que cada persona se hace. “¿Qué hace Dios cuando le fallo?” Las respuestas a preguntas de culpabilidad no se encuentran en una nueva casa. La respuesta se encuentra en el fundamento de la que ya tiene.

Alvaro Serna M.

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16 Mayo 2011

POR MÁS TIEMPO QUE LA ETERNIDAD

Dios, quiere hacerte una pregunta: ¿Por qué amas a tus hijos? No quiero parecer irreverente, pero sólo el cielo sabe cuánto dolor te hemos ocasionado. ¿Por qué nos toleras? Nos das cada aliento que respiramos, pero… ¿te lo agradecemos? Nos das un cuerpo que no puede duplicarse, ¿Y te alabamos por eso?

Muy raras veces.

Nos quejamos del tiempo. Discutimos por nuestros juguetes. Disputamos acerca de quién consigue qué contiene y quienes son mejores, los hombres o las mujeres. No pasa un segundo sin que alguien, en alguna parte, use tu nombre para maldecir cuando se golpea un dedo con el martillo o cuando el árbitro cobra una falta equivocada (como si tuviera la culpa).

Llenas el mundo con comida, pero te culpamos por el hambre. Evitas que la tierra dé volteretas y que los polos se derritan, pero te acusamos de falta de preocupación. Nos das el cielo azul y exigimos lluvia. Nos das lluvia y pedimos sol. (Como si supiéramos qué es más conveniente).

Brindamos más aplausos a un musculoso futbolista que a Dios que nos hizo. Cantamos más canciones a la luna que a Cristo que nos salvó. Somos un mosquito en la cola de un elefante de una galaxia de África, y aun así te exigimos que nos consigas un parqueo cuando te lo pedimos. Y si no nos das lo que queremos, decimos que no existes. (Como si nuestra opinión valiera algo).

Contaminamos el mundo que nos has prestado. Maltratamos el cuerpo que nos has dado. Pasamos por alto el Verbo que nos mandaste. Y matamos al Hijo que llegaste a ser. Somos bebés consentidos que tomamos, golpeamos, refunfuñamos y blasfemamos.

Tienes todas las razones del mundo para abandonarnos. ¡Yo lo haría! Me lavaría las manos de todo este desorden y me iría para comenzar de nuevo en Marte. ¿Por qué tú no?

Veo la respuesta en la salida del sol. Escucho la respuesta en el romper de las olas. Siento la respuesta en la piel de un niño. Padre, tu amor nunca cesa. Nunca. Aunque nosotros te despreciamos, te echamos a un lado, te desobedecemos, tú nunca cambiarás. Nuestra maldad no puede disminuir tu amor. Nuestra bondad no puede aumentarlo. Nuestra fe no lo gana ni nuestra estupidez lo pone en peligro. No me amas menos si fallo. No me amas más si tengo éxito.

Tu amor nunca cesa. ¿Cómo explicamos esto? Mamá: ¿Por qué amas a tu bebé recién nacido? Ya lo sé. Es una pregunta tonta, pero discúlpame. ¿Por qué? Durante meces este bebé te ha causado dolor. Te ha llenado de granos y te ha hecho caminar como un pato. A causa de se bebé has suspirado por unas sardinas y galletas y has vomitado por las mañanas. Sientes punzadas en el vientre. Ocupa espacio que no era suyo y como alimento que no provee.

Lo conservas caliente. Lo mantienes seguro. Lo alimentas. Pero, ¿te dio alguna vez las gracias? ¿Estás bromeando? ¡No bien sale de vientre empieza a llorar! El cuarto es demasiado frío, la frazada demasiado áspera, la niñera demasiado desconsiderada. ¿Y a quién quiere a su lado? A mamá.

¿Alguna vez te has tomado un descanso? O sea, ¿quién ha venido haciendo el trabajo en los últimos nueve meses? ¿Por qué no se hace cargo papá? Pero no, papá no, papá no. El bebé quiere a mamá. Ni siquiera le dice que ya viene. Simplemente llegó. ¡Y qué llegada! Te convirtió en una salvaje. Tú gritabas. Renegabas. Masticabas balas y rompías las sábanas. Y ahora, mírate. Dolor en la espalda. La cabeza te martillea. Tu cuerpo está empapado de sudor. Cada músculo tirante y tenso.

Deberías estar furiosa, ¿pero lo están? Lejos de eso. En tu rostro hay una expresión de amor por más tiempo que la eternidad. El bebé no ha hecho nada por ti, pero lo amas. Te ha causado dolor en el cuerpo y náuseas cada mañana, pero aun así lo adoras. Su rostro está contraído y su vista empañada, pero aun así puedes hablar de lo bien que se ve y de su brillante futuro. Te va a despertar cada noche durante las siguientes seis semanas, pero eso no importa. Lo puedo ver en tu rostro. Estás loca con tu bebé. ¿Por qué? ¿Por qué una madre ama a su bebé recién nacido? ¿Por qué es su bebé? Por más que eso. Porque el bebé es ella. Su sangre. Su carne, sus tendones y su espina dorsal. Su esperanza. Su legado. No importa que un recién nacido sea indefenso, débil. Ella sabe que los bebés no piden venir a este mundo.

Y Dios sabe que tampoco nosotros lo pedimos. Somos su idea. Somos Él. Su rostro. Sus ojos. Sus manos. Su toque. Somos Él. Mira profundamente en el rostro de cada ser humano sobre la tierra y verás su parecido. Aunque algunos parecen ser parientes lejanos, no lo son. Dios no tiene primos, sólo hijos.

Somos, increíblemente, el cuerpo de Cristo. Y aunque no actuemos como nuestro Padre, no hay verdad más grande que esta: Somos suyos. Inalterablemente. Él nos ama. Para siempre. Nada nos puede separar del amor de Cristo.

Si Dios no hubiera dicho esas palabras, sería un tonto en decirlas, un tonto al no creerlas. Nada nos puede separar del amor de Cristo… pero aún difícil es para algunas personas aceptar esta verdad.

A lo mejor piensas que has cometido un acto que te pone fuera de su amor. Una deslealtad. Una traición. Una promesa no cumplida. Piensas que Él te amaría más si no hubieras hecho esas cosas, ¿verdad? Piensas que Él te amaría más si hubieras hecho más, ¿verdad? Piensa que si fueras mejor, su amor sería más profundo, ¿verdad?

Error. Error. Error. El amor de Dios no es humano. Su amor no es normal. Su amor ve tu pecado y a pesar de eso te ama. ¿Aprueba los errores que comete? No. ¿Necesitas arrepentirte? Si. Pero, ¿te arrepientes por su bien o por el tuyo? El tuyo. Su ego no necesita disculparse. Su amor no necesita reforzarse.

Y Él no podría amarte más de lo que te ama ahora.

Alvaro Serna M.

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